Las posibilidades de que las nuevas variantes del coronavirus sean un poco resistentes a las defensas ofrecidas por los anticuerpos han generado estudios hacia la búsqueda de otras respuestas inmunes que nos protejan contra el nuevo virus.
El foco ha sido colocado especialmente en las denominadas como células T “asesinas”, un grupo de células inmunitarias que pueden atacar y destruir células infectadas por el virus y podrían proporcionar cierta inmunidad ante la COVID-19. Incluso si los anticuerpos se vuelven menos efectivos a la hora de combatir la enfermedad.

El origen

Los investigadores del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID) de Estados Unidos han puesto el foco sobre las denominadas células T de memoria.
Se trata de uno de los mecanismos que el organismo pone en marcha después de haber superado la COVID-19 para levantar una barrera contra la enfermedad. Son capaces de recordar el proceso de infección y generar una respuesta inmune ante una nueva amenaza de contagio.

A partir de…

Los científicos han detectado que las células T de memoria que se generaron como consecuencia de una infección del modelo que se secuenció por primera vez en China también se activan para frenar un contagio de las nuevas variantes de la enfermedad. Una noticia esperanzadora, teniendo en cuenta las dificultades que han encontrado algunas farmacéuticas para hacer frente a las nuevas mutaciones con sus vacunas.

Proceso

Este nivel de protección se considera el “estándar de oro”, según definen los expertos. Pero, generalmente, se requiere una gran cantidad de anticuerpos. Junto con los del sistema inmunológico para producir un batallón de células que puedan atacar a los virus.
Algunas de estas son las conocidas popularmente como células T “asesinas” (T CD8+). Estas buscan y destruyen células que están infectadas con el virus. Otras denominadas como células T “colaboradoras” (T CD4+) desempeñan un importante papel en diversas funciones inmunitarias entre las que se incluyen la estimulación de la producción tanto de anticuerpos como de las células T “asesinas”.
Es necesario señalar que las células T no previenen la infección porque entran en acción únicamente después de que el virus ha penetrado en nuestro organismo.
Pero son importante en el proceso de eliminación de la infección una vez que esta ya se ha iniciado.
En el caso de la COVID-19 las células T “asesinas” podrían ser un cursor fundamental para aquellos que presentan la enfermedad de forma leve y grave.
Las células T también podrían ser más resistentes que los anticuerpos a las amenazas que plantean las nuevas variantes del SARS-CoV-2.

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